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domingo, 30 de mayo de 2010

La condena de Vallenar

Ser un hijo de esta ciudad no es sólo un accidente geográfico. Creo que haber nacido en Vallenar es una condena de por vida, es un castigo.

Como nos podemos dar cuenta de las miserables vidas que circundan por nuestro valle, de las enclenques casas que se amontonan por las poblaciones, del tren que traza una parte de nuestra ciudad, las expectativas a las que sólo un vallenarino tiende son bastante mediocres. Vamos por parte.

Al nacer, tu madre tiene que tomar un colectivo Torre Blanca para llegar al hospital. El colectivero, seguramente, para estas ocasiones, es viejo, es buena onda, es "cercano". Y le pagas, paradójicamente, quinientos pesos por su simpatía.

Tu madre entra al hospital e intenta ubicar enfermeras conocidas que puedan garantizar un mejor trato por parte del doctor, que siempre, pero siempre, va a ser alguien ajeno a la ciudad, pero cercano a todas las mujeres viejas.

Tu, después de un viaje inconsciente, te enfrentas a tu madre, doctores y cuchillas, y tras ellos una ciudad frustrada, con sueños expirados, con alegrías eventuales, una ciudad que se parece agradable para vivir, pero no lo es tanto al hacerlo.

Ir por calle Serrano, subiendo, viendo lo mismo: una escuela 2 que no tiene sentido más que preparar gente humilde para un futuro cada vez más duro; "El Esfuerzo" decayendo a través del tiempo; un local de tragamonedas que evidencia la escasez de superación; un mercado que intenta hacer histórico algo que no es histórico; una plaza de artesanos en donde venden figuras chinas y poleras de grupos, un hippie y una hippie, y una gorda que no hace nada; Galería Bavaria, un mall para los pobres, para que no tengan que viajar a La Serena a ver el otro mall de los cuicos y sentirse como uno de ellos, sin embargo, es muy caro y no es agradable; florerías en decadencia; locales a los que nunca he entrado; un persa que vende copias; un súpermercado de una familia extranjera acomodada socialmente en la ciudad; una comisaría con los hijos de los pobres orgullosos de su posicionamiento; zapaterías y peluquerías intactas, desconocidas; paraderos con gente llena de bolsas con suministros para poder seguir viviendo y pagar impuestos, para sobrevivir, para trabajar, para estudiar; luego, no te das ni cuenta y estás en el otro límite de la ciudad, llegaste a la Quinta Valle, en donde está la gente con una mejor situación socioeconómica, los autodenominados clase media, que de medios no tienen nada, y su exclusivo colegio Ambrosio O'higgins, o Cao'h, eso lo hace más cuico, las siglas extrañas. Y tú caminas, y qué. Sólo ves todo, tan cotidiano, y no te sorprende ser parte de esto. Existe una mina multinacional que te dará trabajo por un tiempo, pero a cambio te violará a tí, a tu familia, a tus amigos, a todos. Esto es exactamente lo mismo que cuando vinieron los españoles a por el oro, la única diferencia, como defecto nuestro, es que tenemos la consciencia de saber que lo hacen, que nos engañan, que nos roban y ninguno hace nada, a lo más da apoyo moral, con la fe que nada pasará. Eso es una mentalidad mediocre, una mentalidad obstinada, pasiva y no lo quieres aceptar.

El río, el mejor lugar de Vallenar. Alcohol, peleas, policías, drogas, fútbol, perras, oscuridad. En este lugar se revela Vallenar, nos muestra tal como es su sociedad. Gente sin oportunidad que no tiene donde tomarse un trago, que no tiene dinero para ir a la disco, que quiere escapar de la urbe, de su gente, de las relaciones sociales impuestas. Esta es la gente que habita, no somos cuicos, no tenemos auto, no carreteamos en la casa del Nacho Rodríguez, no vamos a la Cuervo Negro, no voy al Yoyo's Pizza.

Eres más grande y te gusta una mina del Santa Marta, vas a los carretes donde ella va, te mezclas con gente desagradable con tal de estar cerca de ella, tienes que gastar más plata porque ella, indirecta y lamentablemente, lo pide, y muestra su parte de interés. Fiestas de quinceañero en donde se baila lo que se ve en la tele, se toma lo que toman todos, se come lo que debes comer y en la cantidad justa, dependiendo de tu reconocimiento, fiestas en donde se agrupan los skaters y "hacen-cosas-diferentes-mezcladas-con-maldad-y-punk-norteamericano", y no son más que mierda, sujetos planos. Y ellas, que en la tarde fueron al Rendic con su mamá a hacer las compras, seguramente se dieron una vueltita al centro, podían encontrar algo que comprar. Y también pasaron a la "Librería Victoria" a comprar unos materiales para el hermano menor para el día lunes. Y se visten con copias de la imagen capitalina (capitalista) que vende, adecúan la moda al estilo vallenarino.

Es la hora de estudiar y los mejores se van a Santiago y todos lo saben, y todos lo refriegan en las caras de los mismos. Los más o menos inteligentes se van a La Serena o a Copiapó a una estatal. Y los menos inteligentes (pragmáticamente en el sentido económico y consigo, social) se van a institutos a estudiar técnicos, estudiar trabajo social, estudiar para parvularias, ingenierías mulas, etc. Y al estar ahí, decir que eres de Vallenar es algo chocante, como cuando escuchas en la tele que nombran Vallenar y le dices a todos: "dijeron Vallenar" y miras atento, creyendo que van a decir más, pero no. Dices Vallenar y crees que te aplaudirán, pero no, Vallenar no es nada más que una ciudad ajena para todos, sólo fíjate que no tiene atractivos: o es Huasco, o es el valle. Vallenar no tiene universidad, Vallenar no tiene malls, Vallenar no tiene Falabella, Vallenar no tiene McDonalds; Vallenar sólo tiene plagios, Vallenar no tiene nada de valle si no fuese por un hilo de agua que cruza el cemento urbano, que cruza vidas que quieren marcharse.

Vivir como afuerino, consciente que eres de Vallenar, que es tu tierra, te pule hasta encontrar un ser triste. No es divertido estar estudiando lejos de tu familia, de tus amigos, para transformarte en una pieza (JAMÁS ESENCIAL) del jueguito de la vida, para transformarte en lo que odias, en esa simplicidad de vida, sistema, la rueda, el mecanismo, parte por parte: nacer, crecer, estudiar, trabajar, casarsem vejez, demencia, muerte. Es triste estar consciente de estos cambios, y es más triste hacerse el huevón con estos cambios. Vallenar no cría ganadores. Farkas a lo mejor, quizás, pero ese tipo no tiene la misma sangre diaguita. Pero, ¿qué? No somos más que un puñado de perdedores, nostálgicos, viciosos, y que en nuestras mentes intentamos detener el sistema, pero actuamos en base a él.

Calle Prat. Domingo, vacías. Sábado en la tarde, poca gente. Viernes, de día: trabajadores apurados, locos; en la tarde: estudiantes; en la noche: delincuentes. Bares con ideas copiadas y sin éxito. Calles con autos seudo-"Rápido y Furioso", Bata con pacos afuera, un restaurant en el que no conoces a nadie (nadie), un jeep con rubias que no se mezclan con nadie, unos departamentos en la plaza, una plaza de cemento, una iglesia que guarda los pecados de sus curas pedófilos (Casiano Rojas), sus obispos corruptos que van de visita y los reciben como si fuese un familiar.

Vallenar en decadencia, Vallenar en peligro, Vallenar, ya no quiero escribirte más. Siempre estaré feliz de volver a verte y nunca renegaré de tí, pero me da pena ver tus defectos, ver tus arrugas, ver tus canas. No soy nada más que un perdedor, un hijo de tu tierra, un ser que criaste y lo volviste inerte. Soy Juan Pablo Tapia Robles, un condenado por tí.

3 comentarios:

Felipe Cortés Santander dijo...

Deberías crear un libro con todas tus crónicas. Están la raja. siempre miradas desde el punto de vist perdedor.

Vinchuka_rock77 dijo...

"Siempre estaré feliz de volver a verte y nunca renegaré de tí, pero me da pena ver tus defectos, ver tus arrugas, ver tus canas".
m kedo kn eso, resume todo.

Anónimo dijo...

falto algo: tu cáncer ramificado

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